14 de agosto de 2016

Un año de burbujas

Nota introductoria: Este texto tiene la finalidad de conmemorar, algunas semanas después, el primer año de vida de este blog, que fue creado el 30 de julio de 2015. Lo he narrado en primera persona, espero que os guste, porque sin la gente que me seguís, no sé si estaría celebrando este primer aniversario.


Un año de burbujas

Qué extraño es todo esto. Estoy a bordo de un bote de remos, flotando sobre agua, y no veo nada a mi alrededor excepto lo que una lámpara que pende del bote me permite. Hace un momento estaba escribiendo el próximo relato que iba a subir a mi blog, y de repente…la negrura más absoluta antes de aparecer aquí. Aunque…un segundo… ¿qué demonios?

No puede ser…el bote está empezando a vibrar, y noto una gran perturbación en el agua que me rodea. Es como si algún monstruo marino fuese a emerger a la superficie. La vibración que hacía temblar la madera del bote está convirtiéndose en un brusco movimiento. Empiezo a pensar que voy a acabar en el agua como esto siga así. El bote empieza a moverse con furia, e intento agarrarme lo más fuerte que puedo a él. Es como si estuviera participando en un concurso de rodeo. Como esto siga así saldré catapultado y acabaré en el agua.

Poco a poco, y para tranquilidad mía, todo empieza a calmarse. Las sacudidas del bote empiezan a frenarse, y se han convertido en un suave vaivén. Sin embargo, mis presagios no eran infundados, pues algo está saliendo a la superficie no muy lejos de mí. No es posible… es…es… ¡una burbuja gigante!

Maldición, no puedo ver su interior, la luz de la lámpara no me permite satisfacer mi curiosidad. Sin embargo… tengo una extraña sensación sobre esa burbuja. Voy a usar los remos y me acercaré un poco más.

¡Es increíble! En el interior de esta burbuja se encuentra el Amo de la lluvia, una de mis creaciones. Va de un lado a otro cambiando su apariencia física. La luz de la lámpara me permite distinguir las gotas de lluvia que caen en el interior de la burbuja. Incluso hay pequeños relámpagos de manera intermitente. Mientras sigo fascinado por lo que observo, una nueva vibración del bote me advierte de que va a suceder algo nuevamente.

Esta vez no hay sacudidas violentas, pero una nueva burbuja vuelve a salir a la superficie. Me acerco remando hasta la misma, y no puedo dar crédito a lo que estoy viendo... ¡en su interior están Gabriel y Natalia dándose un abrazo! Mis personajes de un encuentro casual se prodigan en mimos y miradas cómplices. Y en su ritual de dulzura giran sus cabezas hacia mí, y sonrientes me dedican un efusivo saludo agitando sus manos en el aire. Me siento muy raro. Antes de darme cuenta les estoy devolviendo la sonrisa y el saludo. Otra nueva vibración del bote me avisa de la irrupción de una tercera burbuja en el agua.

Una vez que llego a su altura, veo en su interior… ¡al doctor August Remprelt! El tipo está en una de las salas de fobias que describí en su relato, y mueve su péndulo ante la asustada mirada de un chico tumbado en una camilla. Más vibraciones me sorprenden, y ya no es una, sino dos las burbujas que aparecen.


Desfilo ante ellas y no dejo de asombrarme ante lo que hay en el interior de cada una… ¡el mago Windor e Irvin “el Rayo” Shaw! Mi querido y cómico mago hace gala de su ineptitud con la magia, pues tras agitar la varita en el aire, aparece ante él un perro con malas pulgas, que empieza a perseguirle para morder su túnica. Pobre Windor, menos mal que poco a poco va mejorando su habilidad mágica, ya que es un tipo trabajador y merece progresar en la vida, aunque sea a base de tortazos. Vaya, con un nuevo movimiento de varita ha convertido al perro en una escoba, aunque ésta no para de darle golpes en el trasero con el mango. Qué grande eres Windor.

Por su parte, mi estimado Irvin está dando un paseo por Westernia, su planeta natal. Qué hermoso era aquello antes de la guerra de las cinco mafias. Cerca de Irvin se encuentra reunida la tripulación de su nave, cuyo nombre es… eh eh eh, aún no he contado esos detalles en el blog, así que no voy a adelantarme a ello. Sólo diré que es una gran tripulación, o mejor aún, una familia. Más y más vibraciones, y empiezan a aparecer tantas burbujas que pierdo la cuenta.

Voy remando para ver las que pueda. Y veo más y más caras conocidas. Distingo con facilidad a Jonás el taxidermista mirando embelesado la calavera que luce en su salón.  También reconozco a Casandra, bailando ante un maniquí en llamas. En otra burbuja está Jacinto, contándole la existencia de sus impulsos homicidas a un psicólogo. Incluso veo de refilón a Isidro el pirómano, prendiéndole fuego a un pequeño matojo. Vaya colección de mentes perversas tengo por aquí. Pero es lo estimulante de escribir, poder crear mentes sanas o insanas en los personajes.

Sigo remando hacia las burbujas que aún no he visto. Se me caen unas lágrimas al ver a Pavel Zitka construyendo juguetes en su taller. Decidí narrar su lucha contra la ELA para concienciar a la gente de la crueldad de esta enfermedad. Con el tiempo, él ya no podrá fabricar más juguetes por su deterioro físico, pero no estará sólo, pues hice que sus juguetes cobraran vida y le ayudaran en su labor hasta el fin de sus días. Las lágrimas dan paso a una risa nostálgica cuando veo a Jorge “el gigante” jugando con sus muñecos, celebrando una y otra vez el día de la hermandad. Y esa risa se convierte en una carcajada cuando veo en otra burbuja una sala de juicios, y en su interior al letrado aquejado de la ensalada de palabras, litigando contra el llamado “pistolero”. Una última vibración del bote presagia la aparición de más burbujas.

No dejo de remar a un lado y otro, esquivando burbujas cuyo interior ya he visto, pero que me provocan una enorme sensación de orgullo por haberlas creado. Una vez que he conseguido observar el interior de las burbujas restantes, soy consciente de que me rodean todas y cada una de las historias que he publicado en mi blog. La sensación inicial, que era algo inquietante por no saber dónde estaba, se ha convertido en una absoluta calidez. Me quedo pensativo unos segundos, y entonces oigo un sonido repartido en todas direcciones: remos moviéndose sobre el agua.

Poco a poco, veo a muchas personas remando en sus botes, acercándose a diferentes burbujas. Veo muchas caras conocidas de la blogosfera y de mi vida personal. Y también veo a gente que no conozco pero que rema hacia las burbujas que han escogido ver. Es asombroso, porque todas y cada una de las burbujas que hay aquí están ahora iluminadas por las lámparas de cada bote. Miro con satisfacción que todas las personas quieren disfrutar del interior de cada burbuja, de las historias que hay en ellas.


Entonces, con la misma rapidez con la que se produjo mi aparición en aquel lugar, vuelvo a encontrarme frente a mi ordenador, escribiendo el texto que había dejado a medias. Me alejo momentáneamente del ordenador, miro por la ventana de mi habitación, y vuelvo a recordar ese pensamiento que tengo desde que abrí mi blog. Uno puede escribir relatos de todo tipo y formato y subirlos a un espacio virtual para su lectura, pero tan importante es tener una buena imaginación, como un grupo de personas que emplea parte de su tiempo en leer, comentar o compartir mis historias.

Es por eso que, pasadas unas semanas desde que mi blog cumplió un año de existencia en la blogosfera, no puedo evitar agradecer todo el apoyo que he tenido de cada lector y lectora que se animaron a visitar mi burbuja literaria. Es algo a lo que a veces no se le da la importancia adecuada, pero tener un público detrás, donde haya gente lectora o también escritora, es un importante engranaje para que la rueda creativa siga girando. 

Y por eso cada nuevo texto que os comparto me sigue dejando la curiosidad por saber cuántas personas lo leerán, comentarán o compartirán. Esa es la magia de esto, sentir esa calidez que sólo la gente que me seguís podéis aportar. Un saludo desde la burbuja literaria y gracias por vuestro apoyo, no dejéis de visitarme.