31 de enero de 2019

Soñando entre viñetas: Capítulo 2

¡Hola a todo el mundo! Como ya sabéis, desde hace un tiempo no solamente escribo relatos, sino también guiones de cómic. En diciembre de 2018 salió a la venta el cuarto número de una publicación de Granada llamada "La Revística" donde he colaborado junto a un montón de personas que han escrito o dibujado otras historias, todas relacionadas con Granada. No es mi primera colaboración, pues ya lo hice también en el número anterior. 

Como esta publicación se vende de forma física únicamente en Granada, y muchas de las personas que me leen sois de diferentes partes de España, Europa o el resto del mundo, he querido aprovechar para subir aquí la historia que he aportado, y que así podáis leerla y darme vuestras opiniones.

Los dibujos de esta historia, que es la continuación de la que empecé en el anterior número,han corrido nuevamente a cargo de Pablo Arellano (también conocido como Psike Arellano), un amigo de Granada con el que espero repetir colaboración y cerrar el círculo en el siguiente número de "La Revística". Podéis leer la primera parte aquí.

Espero que esta historia os deje un buen sabor de boca. Está hecha como muestra de mi aprecio por el mundo de los cómics, aunque espero que tanto si sois o no personas afines a este mundo, os guste por igual. ¡Hasta la próxima amig@s de la burbuja!





21 de diciembre de 2018

Trueno y el espejo


Anotación previa: Este relato lo presenté a un concurso cuya temática eran las historias de peluches enmarcadas dentro del género de terror, suspense o sobrenatural. Como el relato en sí no fue elegido para la antología del concurso, he querido compartirlo con toda persona que quiera leerlo, espero que os guste.

Trueno y el espejo
-       - ¿Te gusta tesoro?
-       - ¡Me encanta mamá, este espejo es precioso!
-       - Me alegra que te guste, creo que quedará muy bien en tu habitación.

Emilia cogió de la mano a Andrea, su hija de 8 años, y juntas fueron al dormitorio de la pequeña, encendiendo la luz cuando llegaron. Allí, sobre el pequeño escritorio de su hija, colocó la madre el espejo que le acababa de regalar. Lo había comprado en un mercadillo de antigüedades y era un bonito espejo ovalado con los bordes metálicos y adornados con piedras preciosas de imitación. No era muy grande, pero Emilia lo compró con la intuición de que iba a gustarle a su hija, y se sentía feliz de haber acertado con su elección.


La habitación de la niña estaba llena de peluches y muñecas, y el espejo suponía un elemento nuevo y destacado en todo aquel conjunto de objetos. A Emilia le resultaba curioso ver al peluche favorito de su hija abandonado sobre la cama de ésta, teniendo en cuenta que, desde que se lo regaló hacía unos meses, la pequeña no se separaba de él. Pero ahora mismo aquel perro de peluche, que tenía la forma de un auténtico husky siberiano, estaba lejos de Andrea, la cual se encontraba sentada tras su escritorio y sonriéndose frente al espejo. Emilia dedicó una última mirada de ternura en dirección a su hija, y acto seguido se marchó del lugar.

Andrea estaba en éxtasis. No era ni mucho menos el primer espejo que veía en su vida ni tampoco en su casa. En el dormitorio de su madre o el cuarto de baño había un par de espejos muy grandes y bonitos, pero la diferencia con el que ahora estaba frente a ella era muy sencilla: éste era suyo. La niña se sentía en aquellos momentos como una actriz de cine que estuviese en su camerino antes de actuar.  Sin embargo…le faltaba algo. Tardó unos segundos en darse cuenta de que Trueno, su peluche favorito, estaba lejos de ella. Así que se levantó de la silla, lo recogió de su cama, y volvió a sentarse frente al espejo. Ahora sí, verse reflejada junto a Trueno le hizo sentirse completa en aquel instante.

Ella sabía que sólo era un peluche, pero era tan precioso y parecía tan dulce que poco importaba que dentro de las costuras tan sólo tuviera relleno en lugar de un corazón y otros órganos. Por eso la pequeña disfrutaba de la imagen que le devolvía el espejo, mostrándola a ella mientras Trueno estaba bien sujeto entre sus brazos.

Andrea escuchó la voz de su madre procedente de la cocina, avisándola de que era la hora de la cena. Mientras la niña giraba la cabeza en dirección a la puerta para responder a su madre, sucedió algo extraño: las piedras de imitación del espejo brillaron fugazmente, y también los hicieron los ojillos del peluche en el espejo, que parecieron cobrar vida por un instante. Todo fue demasiado rápido, ya que cuando Andrea volvió a mover la cabeza hacia el espejo, las cosas estaban igual que antes. Y cuando ella se levantó de la silla y se marchó del cuarto dejando a Trueno sobre el escritorio, se perdió nuevamente ese fenómeno anterior pero ahora de manera más prolongada. Las piedras volvieron a brillar y así lo hicieron los ojillos de Trueno, y el peluche empezó a moverse… ¡en la imagen del espejo!

Era un fenómeno extraño, porque mientras que Trueno estaba totalmente inmóvil y carente de vida sobre el escritorio, su reflejo no solamente se movía, sino que estaba mostrando sus afilados colmillos en el espejo, y la imagen era espeluznante. Andrea tenía suerte de estar cenando en aquellos momentos, porque todo lo que pensaba de Trueno y el espejo habría cambiado radicalmente a la vista de lo que acontecía. Toda la inocencia que desprendía el peluche del escritorio estaba siendo convertida en maldad y agresividad por su reflejo, que seguía mostrando sus afilados dientes mientras le brillaban los ojos.

Un rato después, cuando Andrea volvía de regreso al cuarto tras cenar y cepillarse los dientes, ella y su madre no pudieron ver nada de lo que había pasado con el espejo, porque las piedras ya no brillaban y el reflejo de Trueno volvía a ser normal. Emilia arropó a su hija en la cama, le dio un beso de buenas noches, y se marchó de la habitación apagando la luz. Algunos minutos después se dio cuenta de que no le había puesto a su hija el peluche sobre la cama, pero pensó que por una noche en la que no lo hiciera no iba a pasar nada. Andrea también se dio cuenta de que Trueno no estaba en la cama con ella, pero empezaba a sentir mucho sueño y no tenía ganas de levantarse de la cama para coger su peluche. También pensó que por una noche en la que durmiera sin él no pasaría nada malo. Qué equivocadas estaban.

Cuando Andrea se quedó completamente dormida, el espejo volvió a emitir sus destellos de luz. Inmediatamente el reflejo de Trueno hizo lo mismo que antes, moviéndose y mostrando los dientes. Aunque ahora estaba haciendo algo más…pues con una de sus patas golpeaba furiosamente un lateral del espejo, provocando… ¡que éste se moviera en dirección hacia la cama!

Era una imagen insólita, pues el espejo ya no estaba orientado hacia una de las paredes de la habitación, sino que se había desplazado hasta apuntar completamente a la cama de Andrea, apareciendo ésta reflejada en el cristal. Pero más aterrador que todo eso era ver al inocente Trueno inmóvil sobre el escritorio, mientras que su reflejo seguía presente en el espejo. Sus ojos brillaban con más intensidad que a lo largo de las horas previas, y de su hocico empezaba a caer saliva en abundancia. Parecía que estaba viendo algo de comer…y su cuerpo ya lo estaba digiriendo antes de tenerlo en la boca. En otra parte la casa, Emilia estaba viendo la televisión, sin percibir siquiera el peligro que se estaba avecinando en la habitación de su hija. Empezaba a quedarse dormida, y recibiría el sueño con los brazos abiertos.

Andrea seguía dormida profundamente, y debía de estar teniendo un sueño agradable a juzgar por la sonrisa que se dibujaba en su rostro. Mientras tanto, el reflejo malvado de Trueno parecía estar cada vez más lejos del espejo. De hecho, tan sólo se veían la cola y sus patas traseras, ya que estaba dirigiéndose hacia el reflejo de Andrea en la cama. Quizás era mejor que ella siguiera dormida, porque habría sentido un terror inmenso al ver cómo el reflejo de Trueno se colocaba junto a su cuello, mostrando sus afilados dientes y abriendo la boca.

Incluso habría sido mejor que vosotros, los lectores de esta historia, no vieseis cómo esos dientes se clavaban con violencia en el cuello de la niña, provocando que empezara a brotar sangre por todos lados, manchando las sábanas y la almohada. Andrea empezó a gritar, debido a que su sueño agradable se había tornado en pesadilla y la estaban sacudiendo con enorme fuerza. La chica podía sentir una enorme presión sobre su cuello, cortándole el flujo de aire y haciendo que sintiera cómo debía ser la recta final en la vida de alguien cuando exhalaba sus últimos suspiros vitales. Los gritos de Andrea eran tan fuertes, que Emilia se despertó. La mujer se levantó rápido de la cama y fue corriendo a buscar a Andrea.

Pero mientras llegaba hasta la habitación de su hija, quedaban unos segundos en los cuales Andrea lo seguiría pasando mal. La presión que sentía en el cuello se extendía a otras partes del cuerpo, debido a que el reflejo de Trueno estaba mordiéndole brazos y piernas con ferocidad. Aquel husky albergaba una maldad indescriptible, y sólo actuaba impulsado por la necesidad de morder una y otra vez. Cuando Emilia llegó a la habitación de su hija y encendió la luz, no reparó en la orientación del espejo ni en la imagen que mostraba el cristal, sino en las violentas sacudidas que daba el cuerpo de la niña sobre la cama. Se acercó corriendo junto a Andrea y la zarandeó violentamente, intentando despertarla, pues ésta estaba con los ojos cerrados a pesar del rictus de dolor que mostraba su rostro. Emilia no podía hacer nada, pues Andrea seguía muriéndose en el interior del espejo y, no parecía haber forma de detener lo que ocurría.

Emilia volvió a zarandear a su hija, esta vez con toda la brusquedad que pudo. En el espejo, el husky malvado parecía prepararse para dar su dentellada final sobre el corazón de Andrea. Y la niña, que seguía retorciéndose de dolor en la cama, empujó accidentalmente con las piernas a su madre, la cual cayó hacia atrás, chocando contra el escritorio. Esto provocó que el espejo se bamboleara de un lado a otro y terminara cayendo al suelo, rompiéndose en varios pedazos y desapareciendo el husky del cristal. Entonces Andrea sintió que la presión sobre su cuerpo se aflojaba, y poco a poco pudo abrir los ojos, volviendo a la realidad. Pensó que sólo había sido una pesadilla, pero jamás llegó a saber lo cerca que había estado de morir. Y Emilia tampoco, que recogió los fragmentos del espejo y los tiró a la basura para volver posteriormente junto a su hija. Ambas tardaron en quedarse dormidas, pero lo hicieron juntas y abrazadas la una a la otra.