21 de diciembre de 2018

Trueno y el espejo


Anotación previa: Este relato lo presenté a un concurso cuya temática eran las historias de peluches enmarcadas dentro del género de terror, suspense o sobrenatural. Como el relato en sí no fue elegido para la antología del concurso, he querido compartirlo con toda persona que quiera leerlo, espero que os guste.

Trueno y el espejo
-       - ¿Te gusta tesoro?
-       - ¡Me encanta mamá, este espejo es precioso!
-       - Me alegra que te guste, creo que quedará muy bien en tu habitación.

Emilia cogió de la mano a Andrea, su hija de 8 años, y juntas fueron al dormitorio de la pequeña, encendiendo la luz cuando llegaron. Allí, sobre el pequeño escritorio de su hija, colocó la madre el espejo que le acababa de regalar. Lo había comprado en un mercadillo de antigüedades y era un bonito espejo ovalado con los bordes metálicos y adornados con piedras preciosas de imitación. No era muy grande, pero Emilia lo compró con la intuición de que iba a gustarle a su hija, y se sentía feliz de haber acertado con su elección.


La habitación de la niña estaba llena de peluches y muñecas, y el espejo suponía un elemento nuevo y destacado en todo aquel conjunto de objetos. A Emilia le resultaba curioso ver al peluche favorito de su hija abandonado sobre la cama de ésta, teniendo en cuenta que, desde que se lo regaló hacía unos meses, la pequeña no se separaba de él. Pero ahora mismo aquel perro de peluche, que tenía la forma de un auténtico husky siberiano, estaba lejos de Andrea, la cual se encontraba sentada tras su escritorio y sonriéndose frente al espejo. Emilia dedicó una última mirada de ternura en dirección a su hija, y acto seguido se marchó del lugar.

Andrea estaba en éxtasis. No era ni mucho menos el primer espejo que veía en su vida ni tampoco en su casa. En el dormitorio de su madre o el cuarto de baño había un par de espejos muy grandes y bonitos, pero la diferencia con el que ahora estaba frente a ella era muy sencilla: éste era suyo. La niña se sentía en aquellos momentos como una actriz de cine que estuviese en su camerino antes de actuar.  Sin embargo…le faltaba algo. Tardó unos segundos en darse cuenta de que Trueno, su peluche favorito, estaba lejos de ella. Así que se levantó de la silla, lo recogió de su cama, y volvió a sentarse frente al espejo. Ahora sí, verse reflejada junto a Trueno le hizo sentirse completa en aquel instante.

Ella sabía que sólo era un peluche, pero era tan precioso y parecía tan dulce que poco importaba que dentro de las costuras tan sólo tuviera relleno en lugar de un corazón y otros órganos. Por eso la pequeña disfrutaba de la imagen que le devolvía el espejo, mostrándola a ella mientras Trueno estaba bien sujeto entre sus brazos.

Andrea escuchó la voz de su madre procedente de la cocina, avisándola de que era la hora de la cena. Mientras la niña giraba la cabeza en dirección a la puerta para responder a su madre, sucedió algo extraño: las piedras de imitación del espejo brillaron fugazmente, y también los hicieron los ojillos del peluche en el espejo, que parecieron cobrar vida por un instante. Todo fue demasiado rápido, ya que cuando Andrea volvió a mover la cabeza hacia el espejo, las cosas estaban igual que antes. Y cuando ella se levantó de la silla y se marchó del cuarto dejando a Trueno sobre el escritorio, se perdió nuevamente ese fenómeno anterior pero ahora de manera más prolongada. Las piedras volvieron a brillar y así lo hicieron los ojillos de Trueno, y el peluche empezó a moverse… ¡en la imagen del espejo!

Era un fenómeno extraño, porque mientras que Trueno estaba totalmente inmóvil y carente de vida sobre el escritorio, su reflejo no solamente se movía, sino que estaba mostrando sus afilados colmillos en el espejo, y la imagen era espeluznante. Andrea tenía suerte de estar cenando en aquellos momentos, porque todo lo que pensaba de Trueno y el espejo habría cambiado radicalmente a la vista de lo que acontecía. Toda la inocencia que desprendía el peluche del escritorio estaba siendo convertida en maldad y agresividad por su reflejo, que seguía mostrando sus afilados dientes mientras le brillaban los ojos.

Un rato después, cuando Andrea volvía de regreso al cuarto tras cenar y cepillarse los dientes, ella y su madre no pudieron ver nada de lo que había pasado con el espejo, porque las piedras ya no brillaban y el reflejo de Trueno volvía a ser normal. Emilia arropó a su hija en la cama, le dio un beso de buenas noches, y se marchó de la habitación apagando la luz. Algunos minutos después se dio cuenta de que no le había puesto a su hija el peluche sobre la cama, pero pensó que por una noche en la que no lo hiciera no iba a pasar nada. Andrea también se dio cuenta de que Trueno no estaba en la cama con ella, pero empezaba a sentir mucho sueño y no tenía ganas de levantarse de la cama para coger su peluche. También pensó que por una noche en la que durmiera sin él no pasaría nada malo. Qué equivocadas estaban.

Cuando Andrea se quedó completamente dormida, el espejo volvió a emitir sus destellos de luz. Inmediatamente el reflejo de Trueno hizo lo mismo que antes, moviéndose y mostrando los dientes. Aunque ahora estaba haciendo algo más…pues con una de sus patas golpeaba furiosamente un lateral del espejo, provocando… ¡que éste se moviera en dirección hacia la cama!

Era una imagen insólita, pues el espejo ya no estaba orientado hacia una de las paredes de la habitación, sino que se había desplazado hasta apuntar completamente a la cama de Andrea, apareciendo ésta reflejada en el cristal. Pero más aterrador que todo eso era ver al inocente Trueno inmóvil sobre el escritorio, mientras que su reflejo seguía presente en el espejo. Sus ojos brillaban con más intensidad que a lo largo de las horas previas, y de su hocico empezaba a caer saliva en abundancia. Parecía que estaba viendo algo de comer…y su cuerpo ya lo estaba digiriendo antes de tenerlo en la boca. En otra parte la casa, Emilia estaba viendo la televisión, sin percibir siquiera el peligro que se estaba avecinando en la habitación de su hija. Empezaba a quedarse dormida, y recibiría el sueño con los brazos abiertos.

Andrea seguía dormida profundamente, y debía de estar teniendo un sueño agradable a juzgar por la sonrisa que se dibujaba en su rostro. Mientras tanto, el reflejo malvado de Trueno parecía estar cada vez más lejos del espejo. De hecho, tan sólo se veían la cola y sus patas traseras, ya que estaba dirigiéndose hacia el reflejo de Andrea en la cama. Quizás era mejor que ella siguiera dormida, porque habría sentido un terror inmenso al ver cómo el reflejo de Trueno se colocaba junto a su cuello, mostrando sus afilados dientes y abriendo la boca.

Incluso habría sido mejor que vosotros, los lectores de esta historia, no vieseis cómo esos dientes se clavaban con violencia en el cuello de la niña, provocando que empezara a brotar sangre por todos lados, manchando las sábanas y la almohada. Andrea empezó a gritar, debido a que su sueño agradable se había tornado en pesadilla y la estaban sacudiendo con enorme fuerza. La chica podía sentir una enorme presión sobre su cuello, cortándole el flujo de aire y haciendo que sintiera cómo debía ser la recta final en la vida de alguien cuando exhalaba sus últimos suspiros vitales. Los gritos de Andrea eran tan fuertes, que Emilia se despertó. La mujer se levantó rápido de la cama y fue corriendo a buscar a Andrea.

Pero mientras llegaba hasta la habitación de su hija, quedaban unos segundos en los cuales Andrea lo seguiría pasando mal. La presión que sentía en el cuello se extendía a otras partes del cuerpo, debido a que el reflejo de Trueno estaba mordiéndole brazos y piernas con ferocidad. Aquel husky albergaba una maldad indescriptible, y sólo actuaba impulsado por la necesidad de morder una y otra vez. Cuando Emilia llegó a la habitación de su hija y encendió la luz, no reparó en la orientación del espejo ni en la imagen que mostraba el cristal, sino en las violentas sacudidas que daba el cuerpo de la niña sobre la cama. Se acercó corriendo junto a Andrea y la zarandeó violentamente, intentando despertarla, pues ésta estaba con los ojos cerrados a pesar del rictus de dolor que mostraba su rostro. Emilia no podía hacer nada, pues Andrea seguía muriéndose en el interior del espejo y, no parecía haber forma de detener lo que ocurría.

Emilia volvió a zarandear a su hija, esta vez con toda la brusquedad que pudo. En el espejo, el husky malvado parecía prepararse para dar su dentellada final sobre el corazón de Andrea. Y la niña, que seguía retorciéndose de dolor en la cama, empujó accidentalmente con las piernas a su madre, la cual cayó hacia atrás, chocando contra el escritorio. Esto provocó que el espejo se bamboleara de un lado a otro y terminara cayendo al suelo, rompiéndose en varios pedazos y desapareciendo el husky del cristal. Entonces Andrea sintió que la presión sobre su cuerpo se aflojaba, y poco a poco pudo abrir los ojos, volviendo a la realidad. Pensó que sólo había sido una pesadilla, pero jamás llegó a saber lo cerca que había estado de morir. Y Emilia tampoco, que recogió los fragmentos del espejo y los tiró a la basura para volver posteriormente junto a su hija. Ambas tardaron en quedarse dormidas, pero lo hicieron juntas y abrazadas la una a la otra.

31 de octubre de 2018

El arte de una decoración conjunta en Halloween

Nota introductoria: Aunque este texto puede leerse de manera independiente, la primera y segunda aparición de Jonás, en las que desvelaba que era taxidermista y conocía a Eloisa, una forense nueva en el barrio, tuvieron lugar en los relatos "El arte de decorar en Halloween" y "El arte de seguir decorando en Halloween" (para leerlos, clickad en el título del que os interese). 

Dichos textos fueron publicados para el Halloween de 2015 y 2016, y esta continuación lo es para el de 2018. Espero que os gusten.


El arte de una decoración conjunta en Halloween

Desde que Jonás y Eloisa habían conectado intensamente hacía unos meses, con la celebración de Halloween en el barrio, se habían hecho inseparables. De puertas para afuera, en el vecindario la relación de ambos no sorprendió por su soltería y por lo encantadores que eran por separado, así que casi caía por su propio peso el que pudieran congeniar tarde o temprano.

Sin embargo, todo era muy distinto en lo que se refiere al ámbito más personal y privado de su relación, ya que Jonás creía haber encontrado a su alma gemela en Eloisa, y el sentimiento de ésta era totalmente recíproco. Ninguno de los dos olvidaba aquella noche de Halloween, en la cual Jonás había descubierto que en casa de Eloisa uno de los objetos decorativos era un esqueleto humano de verdad, y ella había observado que en casa de Jonás había una auténtica calavera presidiendo su decoración temática. Fue entonces cuando ambos sintieron una poderosa atracción, nacida de una pasión común por la muerte, y de un deseo compartido de exhibir sus trofeos ante un público que era incapaz de imaginar lo real que era lo que veía.

Desde aquella mágica noche, en la cual Jonás y Eloisa hicieron el amor en los salones de sus casas, frente a los trofeos de las personas que habían asesinado y de las cuales conservaban sus huesos, la vida había dado un vuelco para ambos. Se habían confesado cosas que nadie más sabía de ellos en el vecindario, como el hecho de que Jonás fuese taxidermista y Eloisa forense, así como el modo en que empezó su deseo de matar personas, tan sólo para tener luego recuerdos de ellas que lucir en ocasiones especiales. Y lo más importante de todo, habían empezado a hablar sobre sus posibles planes para celebrar juntos el próximo Halloween.

A partir de aquella noche, la relación entre ambos floreció rápido, ya que compartían todo el tiempo libre que podían juntos. Jonás empezó a hacer visitas al depósito forense en el que trabajaba Eloisa, y allí hablaban, comían y tenían sexo rodeados de cadáveres. Y Eloisa comenzó a cogerle el gusto a ir al local donde Jonás ejercía la taxidermia, provocando que, tal como pasaba en el depósito, hicieran las mismas cosas, con la única diferencia de que los cadáveres que había en el local de Jonás pertenecían a animales muertos y no humanos.

A todo lo anterior se sumaba el hecho de que unas noches dormían en la casa de Jonás, y otras en la de Eloisa, lo que hizo que poco tiempo después de iniciar su relación empezasen a vivir juntos en la casa de Jonás, ya que la de Eloisa tan sólo estaba alquilada. Tenían una felicidad plena, ya que, al margen de su amor por la muerte, compartían muchas otras aficiones más convencionales. En bastantes de las ocasiones en que tenían sexo, no era extraño que la voz de Little Richard les acompañase musicalmente las veladas. A los dos les gustaban las películas y las series sobre psicópatas y asesinatos, pero también las historias de aventuras espaciales y ciencia ficción. En cuanto a gustos literarios, comprobaron con satisfacción que ambos leían a los mismos autores de terror y suspense. Y así seguía esa espiral de aficiones compartidas. Era todo demasiado perfecto para ser real, pero ambos estaban viviendo ese cuento de hadas y muerte que jamás habían pensado que harían.

A medida que seguían disfrutando de su relación, eran cada vez menos los meses que faltaban para el siguiente Halloween, el cual iban a celebrar juntos, y para el que tenían mucha ilusión por sorprender a sus vecinos con algo nuevo e impactante. Con esa premisa, y tras haberlo planeado tranquilamente, cometieron su primer crimen juntos. Habían decidido usar la furgoneta de Jonás para irse a un pueblo vecino, y asesinar a un indigente de allí que nadie echaría de menos.

Aunque cuando concibieron el plan estaban felices por la perspectiva de hacer aquello juntos, no fue hasta que cada uno apuñaló al indigente cuando se dieron cuenta de lo maravilloso que era el amor, en especial cuando aquel pobre desafortunado exhaló su último suspiro y la feliz pareja se fundió en un tórrido beso. Aquel crimen conjunto les hizo sentir como si estuviesen de parto, y el resultado de aquello no fuese un recién nacido, sino un nuevo cuerpo con el que trabajar para su próxima decoración de Halloween. Y vaya meses de trabajo le dedicaron a aquella causa.


Algunos días antes de Halloween, Jonás y Eloisa disfrutaron decorando por fuera y por dentro la casa de él. Ambos estaban expectantes por la acogida que tendrían en el vecindario sus nuevos objetos temáticos. Aunque la calavera y el esqueleto iban a estar presentes y seguirían causando impacto, no podían competir con la novedad y la elaboración que habían requerido las nuevas “adquisiciones” por cortesía de aquel indigente asesinado.

Y llegó al fin la deseada noche. El estreno de la nueva sinfonía mortuoria de Jonás y Eloisa. Cuando las primeras personas llamaron al timbre de la casa, la pareja estaba nerviosa, ya que su trabajo iba a ser valorado en poco tiempo, y esperaban causar asombro y estupefacción entre los visitantes. Cuando el primer grupo de niños disfrazados accedió al salón de la casa, acompañados de sus padres, lanzaron gritos de asombro ante las nuevas piezas decorativas.

Un par de chicos tocaron un pie que parecía demasiado real al tacto, y se sintieron como si realmente estuviesen acariciando uno de sus propios pies. Por otra parte, uno de los padres se fijó en unos ojos que había flotando en el interior de un pequeño frasco con líquido, y que parecían tan auténticos que con sólo verlos provocaban escalofríos. La percepción al mirarlos era extraña, como si realmente fuesen de verdad y no estuviesen fabricados artesanalmente. Pero eso no era todo, pues colocadas en la barandilla de la escalera de la casa, había dos manos que todo el mundo terminaba cogiendo para sentirse como si estuvieran al lado de la famosa “mascota” de la familia Addams.

Si aquellas personas supiesen cómo de reales eran aquellas partes del cuerpo humano que tocaban, acariciaban, o con las que se fotografiaban, no volverían a conciliar un sueño tranquilo durante el resto de sus vidas. Pero esa era la magia de Halloween, una ocasión especial para que una pareja de enamorados exhibiese ante todo el mundo sus trofeos, y además lo hiciese con total tranquilidad, disfrutando especialmente cuando algunos agentes de la policía local accedían al interior de la casa para ver por qué todo el mundo salía asombrado de aquella casa.

A medida que la noche fue llegando a su fin y dejó de haber tanta gente en las calles, Jonás cerró la puerta de su casa y apagó las luces. Notaba su corazón desbocado cuando vio a Eloisa encendiendo algunas velas en el salón, colocadas cerca de todas y cada una de las piezas decorativas humanas. Los dos disfrutaron un rato del maravilloso trabajo conjunto que habían hecho en los meses anteriores, e hicieron el amor sin dejar de mirarse el uno al otro, y sin dejar de lanzar miradas de felicidad hacia sus trofeos. Bendito Halloween, mágico amor, bella muerte.