11 de abril de 2021

Territorio extraño

Lo último que el adolescente Jacobo recordaba, era estar acostado en su cama, ya de madrugada, escuchando un programa de podcast a través del teléfono. Como las paredes de su casa eran de papel y no quería molestar a la familia, se había colocado auriculares para disfrutar del programa en silencio. Sin embargo, y a medida que estaba escuchando las familiares voces de los podcasters, gradualmente se le fueron cerrando los párpados, y Jacobo se quedó dormido al poco tiempo.


Hasta ahí podía recordar, y era lo último que tenía sentido. Porque ahora... ahora Jacobo se encontraba de pie en medio de un campo de hierba, sin nada a su alrededor salvo hierba por todas partes, y se sentía en territorio extraño. Seguía siendo de noche, pero había cambiado por completo el entorno. Jacobo ya no se encontraba en su cama, ni en su cálido y acogedor dormitorio decorado de figuras, cuadros, y demás parafernalia propia de un forofo de los cómics como él. ¿Cómo había llegado hasta aquel campo? ¿Y por qué había cambiado todo, excepto el atuendo que llevaba al meterse en la cama? ¿Estaba soñando? Algo le sacó bruscamente de sus cavilaciones. Con la fuerza de un trueno en una gran tormenta, escuchó unas voces que parecían extenderse por todo el cielo. Y lo más escalofriante era que le resultaban familiares. Eran las de los podcasters que estaba escuchando tumbado en la cama.

 

Decidido a descubrir algo más de la situación en la que se encontraba, Jacobo comenzó a caminar en una dirección cualquiera. No tardó en comprobar que sus pies, como si fueran manejados por una fuerza invisible, giraban en la dirección contraria y se movían solos, haciéndole sentir prisionero de sus propias extremidades. Las voces seguían escuchándose en el cielo, y Jacobo tuvo la vaga sensación de que, a medida que seguía su caminata “obligada”, se atenuaba el volumen de las mismas. Iba a preguntarse la explicación de aquello, pero, tras avanzar lo que le parecieron varios kilómetros caminando, empezó a divisar algo en la lejanía, que fue creciendo a medida que se acercaba. Parecía... un monolito de piedra.


De pronto, unos extraños crujidos comenzaron a escucharse alrededor de Jacobo, quien abrió los ojos como platos al ver que, de alguna manera, habían aparecido más personas en la hierba, caminando en su misma dirección, hacia el monolito. ¿Si antes no estaban ahí, cómo puñetas ahora sí? Nada tenía demasiada coherencia allí. Pero los pies seguían su tránsito, y Jacobo podía atisbar con gran detalle el monolito. Realmente se trataba de una construcción de metal con algunos detalles en piedra. Justo en la punta, se divisaba una enorme antena como la que podría verse en una emisora de radio. Y en la base... había una puerta abierta, que prácticamente incitaba a toda la gente a adentrarse en el monolito, pues del interior emanaba una hipnótica luz roja. Las voces seguían su parloteo, aunque Jacobo estaba tan turbado que ni siquiera les prestaba mucha atención, y no entendía bien de lo que hablaban.

  


Todas las personas fueron avanzando, hasta llegar a la puerta del monolito. Una vez allí, empezaron a mirarse unas a otras, como preguntándose qué hacían allí, y qué se supone vendría a continuación. A fin de cuentas, aquello era territorio extraño para todos, y lo único que les resultaba familiar, eran las voces que seguían presentes en el cielo, aunque su intensidad hubiera menguado considerablemente, casi hasta parecer un susurro. Sin saber por qué, Jacobo fue la primera persona en tomar la iniciativa, caminando obligadamente hacia la puerta, ya que seguía siendo prisionero de sus pies. Tras él, en fila india, le siguieron los demás.

  

Con la luz roja presente en todo momento, el grupo desfiló por un pasillo con las paredes recubiertas de piedra, que desembocaba en una sala llena de sillas vacías. Allí solo había un lugar hacia el que mirar: un enorme cristal que mostraba a un trío de personas al otro lado, hablando a través de micrófonos y sentadas tras una mesa redonda.

 

Para entonces, la intensidad de las voces volvió a aumentar, y pasó del susurro a una tonalidad que podría perfectamente ser la de una conversación normal. Jacobo tuvo una extraña sensación, pues, dentro del monolito, y sentándose en una de las sillas de la primera fila, supo sin lugar a dudas que tenía delante de él a sus podcasters favoritos, a quienes ya podía poner rostro. Como él era un fan de “Expediente-X”, tuvo la percepción de que perfectamente podría estar ante ByersFrohike y Langly, más conocidos como “Los Pistoleros Solitarios”. Y por unos instantes, Jacobo se sintió como Fox Mulder, quien acudía en más de una ocasión a pedirle ayuda al trío.

  

Así pues, decidido a disfrutar de aquel momento, por irreal que fuera, Jacobo cerró los ojos unos segundos, disfrutando de lo que el trío de “Territorio Extrañer” tuviera que contar. Y la sala pronto tuvo todas las sillas ocupadas, mientras que más gente comenzaba a entrar y desfilar por el interior del monolito, dejando bien claro que poco a poco, aquel lugar atraía a más personas. Al otro lado del cristal sucedía algo similar, pues poco a poco comenzaron a entrar otras personas, aparecidas de algún lugar que él no alcanzaba a divisar, ocupando distintas posiciones en la mesa. Jacobo fue reconociendo las voces de quienes también colaboraban en el podcast de forma fija u ocasional, y tuvo la certeza de que todo crecía, público y equipo, logrando que ese monolito tuviera un lugar en el mundo, y un grupo de gente que mantenerlo en pie.


P.D: Este texto es un homenaje que he querido hacer a la web "Dentro del Monolito" y el podcast "Territorio Extrañer", lugares donde me abrieron las puertas para seguir divulgando mi pasión por el mundo del terror, la fantasía y los cómics.