18 de marzo de 2016

Sesión doble de microfantasía

Hola a tod@s. Con ocasión de un concurso de microrrelatos de fantasía, me he animado a participar aportando estos dos micros que podéis leer a continuación, donde he optado por combinar elementos de fantasía y magia con toques de humor. Espero que os gusten.

P.D: Celebrado el concurso, no gané, pero disfruté tanto escribiendo estos textos que al final de cada uno os enlazo su continuación. 


Duelo de borrachos

Estaba siendo una noche memorable en la “Taberna resacosa”. No era para menos, se estaba desarrollando un épico duelo de borrachos en la mesa central. Y el público, para no ser menos, y al tiempo que iba haciendo sus apuestas, bebía jarras de cerveza con tal rapidez, que el tabernero no tenía ni tiempo de paladear las considerables ganancias, porque no dejaba de bajar y subir de la bodega con barriles del preciado líquido.

El público era de lo más variado que se pudiera imaginar: trolls, duendes, enanos, brujas, gólems, campesinos, caballeros, árboles parlantes… Incluso había lechuzas posadas en el techo, y que bebían licor de lagarto usando enormes pajitas.

Aunque lo mejor eran los borrachos competidores de aquella noche. Se trataba de un mago con un sombrero cuya punta estaba tan doblada como su portador, y de un dragón que daba furiosos lametones a su cuenco. El mago no atinaba ya con su copa, ni siquiera usando su varita como pajita, pues no dejaba de ser un elemento para otros usos. Ganó el dragón, pero la reputación de la taberna seguiría intacta, nadie de los presentes escapó de una bien merecida resaca. Ni siquiera el dragón.


Nota adicional: Este microrrelato tiene una continuación. Al día siguiente del duelo, el mago resacoso no encontró ni su varita ni su sombrero, y le hizo una consulta a una adivina. Para leer dicha consulta, clickad aquí.


El secreto para ser mago

Windor había nacido con tanto talento mágico como un palo de billar. Sin embargo, eso no le hizo renunciar en su infancia a su deseo de ser mago. Soñaba con ir a la universidad mágica, aprender todos los trucos imaginables e inimaginables de los mejores magos y brujas, y ganarse la vida como mago y consejero de algún rey honorable.

El problema era que los reyes de su mundo distaban mucho de ser honorables o de seguir consejos útiles, y que él desarrolló durante su infancia el mismo talento para la magia que el de un dragón fabricando cubitos de hielo.

Pero eso siguió sin desanimarle. Trabajó de aprendiz para un modisto, y logró confeccionarse la túnica más horrorosa que un mago jamás hubiera llevado, y un sombrero con tres picos. Efectivamente, tenía para la moda el mismo talento que un político cumpliendo sus promesas.

Sin embargo, y con la edad mínima cumplida, logró entrar en la universidad mágica, y allí aprendió que un mago no es el que nace, sino el que lo es de corazón y lucha por lograrlo. Esta vez sí, con el mismo entusiasmo y dedicación de un carterista entre una muchedumbre, logró licenciarse como mago.


Nota adicional: Este microrrelato también tiene continuación. Si os gustó Windor, podéis saber cómo le irá todo cuando, una vez convertido en mago, busque sus primeros empleos. Para leer el texto, clickad aquí.