¡Saludos desde el lejano y salvaje oeste! Una de las cosas que me gustan es poder compartir mi pasión por el western con todas las personas que quieran leerme, razón de que siga leyendo lo que me resulta viable para poder disfrutar continuamente de este género que tanto me atrae. Y ahí entra Wild West de Norma Editorial.
Estamos una serie cuya extensión desconozco de momento, si bien es cierto que hay cinco álbumes publicados por Dupuis desde el 2020 hasta la fecha. Ha sido Norma quien ha traído esta primera edición en castellano, y no me sorprendió nada, teniendo en cuenta que el western es uno de los puntales de esta editorial. Como también es un género importante aquí en la Burbuja, donde he hablado en el pasado de muchos otros westerns publicados por Norma, como el integral de Bouncer, la maravillosa El Sexto Revólver, o la tremenda Undertaker. Y por último pero no menos importante, también quisiera recordar La estrella del desierto, obra recordada por la participación de Enrico Marini en varios de sus álbumes, y que guarda unas cuantas semejanzas con Wild West.
La comparativa anterior se me antoja de interés, porque en aquella obra que tuvo dibujo de Marini (y a su manera también pasaba en el Bouncer con el trabajo de François Boucq), no se omitían escenas de violencia gráfica. Es decir, lo que en otros cómics se podría haber evitado en las viñetas, no se hacía en este caso. ¿Que había una violación? Pues se mostraba de un modo bastante claro en imágenes, sin llegar al mal gusto o la violencia gratuita claro. Pero sí se notaba en estos casos que no había intención de suavizar el salvajismo que hubo durante una época clave de la historia de los EEUU, y que en la mayoría de ocasiones no se muestra, aunque se cuente o se intuya. Y esto es algo relevante, porque la vida de Martha Jane Cannary, conocida posteriormente como Calamity Jane, fue de todo menos un camino de rosas. Aunque me estoy adelantando y hay que diseccionar la colección.
Lo primero es presentar al equipo creativo. El guionista es Thierry Gloris (co-creador de Aspic: Detectives de lo desconocido, y autor de obras como Valois), y el ilustrador Jacques Lamontagne (también co-creador de Aspic y que ha colaborado en obras como El Principito).
¿Qué historia nos encontraremos aquí en el primer tomo? La sinopsis nos indica lo siguiente:
"Martha Jane Cannary trabaja como criada en un prostíbulo de Omaha. Aunque arregla habitaciones, se mantiene al margen del funcionamiento del burdel.
Sin embargo, su vida dará un vuelco cuando, a causa de una violación, se vea obligada a ejercer de prostituta.
Por fortuna, tropezará con Wild Bill Hickok, auténtica leyenda del Oeste, que le ofrecerá una vía de escape hacia una vida azarosa, pero libre.
Por ese camino, Martha Cannary dejará de existir y habrá nacido Calamity Jane."
El cómic no arranca directamente con ninguno de los dos personajes principales, sino que las primeras escenas muestran a una familia recorriendo el desierto en su carromato, y posteriormente cenando y disfrutando de un poco de música en su improvisado campamento. La entrañable escena no tardará en tornarse en tragedia, cuando tres pistoleros ataquen a estas personas, dejando el lugar teñido de sangre y muerte. A partir de ahí, aparecerá Wild Bill Hickok ejerciendo de cazador de recompensas y cobrándose su primera pieza en esta historia, que resulta ser uno de los tres canallas del principio. Así pues, durante gran parte del cómic, Bill estará buscando a los otros dos asesinos.
En lo tocante a Martha Cannary (no será hasta el segundo álbum cuando vaya cambiando su nombre), ella empieza en esta historia como limpiadora en un burdel. No tiene una existencia feliz, pues se limita a subsistir como puede en un ambiente tan sórdido y depravado como ése, pero las cosas empeorarán cuando sea violada. Eso romperá para siempre su alma, provocando un daño más allá de lo físico. Tardará un tiempo, pero cuando uno de los trabajadores del burdel ayude en su recuperación, será el inicio de otra fase inestable y con más sombras que luces, pues Martha empezará a prostituirse. A su vez, ella y Bill cruzarán sus caminos, y desde el principio se verá que están destinados a llevarse bien, pues él tiene una forma de pensar y hablar que irá provocando en ella que se envalentone a la hora de afrontar momentos duros en el futuro. Otro elemento en la historia es la presencia de la línea de un ferrocarril que se está construyendo en la ciudad de Omaha, pues uno de los promotores de la obra es un capo local que maneja asuntos turbios, y tanto Bill como Martha se verán involucrados en estos temas a su manera. Por otra parte, Martha revelará en la historia que ella quería ser una mujer soldado, y esto es algo muy importante, pues más adelante su pertenencia al ejército será tratada en el segundo capítulo del tomo, y posteriormente entrarán en escena los indios, con los que Martha terminará conviviendo.
La labor de Gloris es notable, ya que escribe un cómic que muestra diferentes e interesantes episodios de las vidas de estas dos leyendas del género. Para quien no supiera nada de ninguna de las dos, le resultará útil adentrarse en estas páginas. Los tiempos narrativos están bien trabajados, y aunque las escenas de acción no abundan, sí están bien dosificadas y perfectamente narradas. También me ha gustado el que Gloris no escatime esfuerzos en reflejar la sordidez y el salvajismo de este período histórico que no se llamaba el salvaje oeste porque fuera un sobrenombre pintoresco. Especialmente logrado está el modo en que se muestra lo que debía de ser para una prostituta trabajar en un burdel de la época. Se nota que la vida de una persona valía poco menos que un puñado de arena si se cabreaba a la persona inadecuada, y en ese sentido todo esto también se plasma bien por el autor. Y el tratamiento de personajes también es bueno, tanto con Bill, como por la montaña rusa emocional que es la vida de Martha. Por lo demás, en el cómic hay de todo lo que un amante del género suele encontrarse en historias de esta índole, y eso nunca está de más.
La parcela gráfica cuenta con un sobresaliente trabajo de Lamontagne, cuyo estilo de dibujo es una mezcolanza del toque clásico del western franco-belga, pero que también tiene toques más modernos, lo cual redunda en beneficio de la obra, que se siente de la vieja escuela, pero con el encanto de ser actual en su diseño. El artista tiene además buena mano para trabajar los fondos y el detalle en las viñetas, y tampoco omite nada gráfico (si tiene que mostrar a una prostituta lavándose después del sexo, lo hace, como también una lengua cortada o un indio arrancando una cabellera), cosa que muchas obras suelen hacer. De igual modo, las escenas de acción están muy bien conseguidas, con cruces de miradas, vaqueros viendo quién desenfunda antes, y diferentes tipos de enfrentamientos con o sin armas de fuego. Por último pero no menos importante, la expresividad de los rostros está muy bien conseguida. Como es el mismo autor quien aplica el color, no menos sobresaliente es su habilidad en este aspecto, consiguiendo una genial mezcla de colores, muy de la vieja escuela, pero con un mejor tratamiento de los cambios de tono en los distintos pasajes de la obra, ya sean a la luz del día o al amparo de la noche.
Respecto a la valoración soy predecible siendo fan del género, pero es una obra notable, que aborda distintos momentos de la vida de dos de los personajes más populares de este período histórico, y además lo hace muy bien. Incluso si no se tratara de estas figuras, la obra en sí tendría todo para satisfacerme como lector, ya que en sus dos partes, hay ocasiones de sobra para que vayan desfilando muchos de los elementos clave del western. Hay peleas de saloon, partidas de cartas, indios, el ferrocarril y los intereses que genera, un despreciable hombre de negocios que manipula las vidas de la gente, pistoleros, cazarrecompensas, y todo cuanto disfrutamos quienes amamos el western. El tomo no es de final cerrado porque seguirá desarrollándose en más entregas, pero que eso no os preocupe, porque esta primera etapa del viaje merece la pena. Por ir terminando, y sobre la edición de Norma Editorial, es de cartoné, sin contenido extra.
Es curioso, porque el primer tomo salió en España en 2022, y este segundo apareció en 2025. Son varios años que en otras circunstancias pueden favorecer el olvido y hacer necesaria una relectura. Pero recordaba las líneas esenciales, así que me ha resultado agradable afrontar este tomo.
En este caso, lo que tenemos es la continuación de los acontecimientos narrados en el otro tomo. Las obras del ferrocarril siguen, con Bill trabajando en ellas como vigilante de seguridad, y Martha se encuentra un poco perdida, siendo rescatada por Charlie Utter, otro personaje que creará un fuerte vínculo con los otros personajes.
La sinopsis del tomo es la siguiente:
"Calamity Jane y Wild Bill Hickok vuelven a encontrarse. El choque tiene lugar en un campamento itinerante que se desplaza al ritmo del trazado del ferrocarril y donde Wild Bill ejerce como jefe de seguridad.
El descubrimiento de una serie de asesinatos rituales en pleno territorio indio pone patas arriba el campamento en el preciso instante en que Jane acaba de llegar para cumplir su venganza."
Uno de los principales motores de la trama es una serie de asesinatos en los alrededores del asentamiento donde se está acometiendo la obra del ferrocarril. Bill, como encargado de seguridad, tendrá la principal responsabilidad a la hora de encontrar a la persona que está detrás de los horrendos crímenes, pues la puesta en escena es bastante macabra para lo que acostumbra a ser la muerte en aquella zona. No obstante, hay otros frentes que hacen peligrar la seguridad de las obras, como las continuas peleas que hay entre obreros y residentes a causa del alcohol y las mujeres que ejercen la prostitución.
En ese sentido, una de las soluciones propuestas por Bill, consciente de que parte de las tensiones están relacionadas con la gente de color y la aversión del hombre blanco a compartir espacio con ellos, precisamente será la de permitir que todos tengan acceso a lo mismo. Para asegurar un poco el mantenimiento del orden, se contratará a un ayudante de seguridad llamado Bass Reeves (sí, la figura histórica, quien sería el primer marshal de color). Por otra parte, Martha, que tiene un problema serio de alcoholismo y odia a Bill por estar relacionado con la muerte de su esposo indio, empezará a tener una relación de amistad con Charlie Utter. Ella conocerá a un editor de revistas que podría ser el asesino detrás de las muerte macabras, por lo que los tres protagonistas deberán buscar a este villano. Al mismo tiempo, las obras generarán un problema considerable al profanar un cementerio indio.
Las buenas sensaciones que ya tenía de Gloris respecto al tomo anterior, quedan confirmadas aquí. Me ha gustado mucho la trama del desollador, y la forma en que al final del primer episodio los personajes protagonistas terminan uniendo sus caminos y ofreciendo buenos momentos mientras buscan al asesino. La inclusión del personaje de Bass Reeves es otro acierto, ya que esta figura del oeste ha venido gozando en los últimos tiempos de mucha visibilidad, ya sea por aparecer en la colección moderna de Lucky Luke, por la espectacular serie de cómic Marshal Bass, o por la adaptación en formato streaming de parte de la vida del personaje en Hombres de Ley: Bass Reeves. También me ha parecido interesante la otra trama de la historia, la que sigue la construcción del ferrocarril, y la guerra que se desata con los indios a raíz de la profanación de un cementerio de los pieles rojas para seguir poniendo vías. Aquí tenemos una mayor presencia de la violencia, como también del sadismo habida cuenta de la forma en que el asesino deja su tarjeta de visita en cada escena del crimen. Gloris logra realizar un cómic muy disfrutable que me ha dejado gratas sensaciones.
También buenísimo me ha parecido el trabajo de Lamontagne. Ya comenté que me encantó en el primer tomo, pero aquí diría que incluso me ha gustado más todavía. Especialmente disfrutables son las escenas de los asesinatos (no se guarda nada y muestra una carnicería no apta para estómagos sensibles), o la página dedicada al cementerio indio, por no omitir los ataques de los pieles rojas a los trabajadores del ferrocarril o algunos otros pasajes. La expresividad sigue siendo un punto sobresaliente por la forma en que Lamontagne logra que los personajes muestren sus emociones. Tenemos como ejemplo lo detestable que es cada aparición del ricachón que está al frente de la construcción del ferrocarril con lo perdida que parece muchas veces Martha cuando cae en sus vicios, o el carácter gentil de Charlie y la presencia apacible pero de fiereza contenida de Bass. En resumen, Lamontagne ofrece un trabajo que me ha vuelto a encantar y hace que este cómic sea todavía más disfrutable. El color vuelve a correr de su cuenta, y es otro punto fuerte cómo se maneja con la iluminación natural en escenarios naturales, siendo muy orgánica visualmente la forma en que se aprecian los distintos momentos del día.
Me temo que no voy a sorprenderos con la valoración, pues me lo he pasado genial leyendo este cómic, y me ha gustado saber que quedan otras historias por venir con estos protagonistas. Tenemos una generosa ración de lo que un fan del western suele disfrutar, y aquí se le añade un cierto toque detectivesco con la existencia del asesino tras el que van Bill y los demás. El salvaje oeste se puede disfrutar bien con un cómic así. ¡Y que vengan más!






