¡Un marvelita saludo! Estrenando la nueva sección de esta web, titulada Reseñas La Burbuja Marvelita, tengo el placer de abrir la veda hablando de uno de mis personajes favoritos de la editorial. Se trata del justiciero de la calavera en el pecho. El que suele dejar pocos criminales vivos. El de pocas palabras pero efectivo. Frank Castle. El Castigador. ¡Boom!

Hacía un tiempo que estaba relegado al olvido editorial, pero tarde o temprano El Castigador debía volver. Y lo hace a través del formato Red Band, en el que se publican cómics más sangrientos, crudos y violentos. Le pega cantidad a Castle, y quiero analizaros la miniserie (son 5 números), en la medida en que me vaya leyendo las grapas. En España el primer número salió en enero de 2026, fecha en la que en EEUU salía la última grapa, por lo que el margen de diferencia con el mercado americano es pequeño.
De antemano os agradezco las visitas, los posibles comentarios, el feedback o compartir la reseña, ya que intentaré seguir trabajando en esta sección marvelita todo el tiempo que pueda. Dicho eso... al lío.
El Castigador: Red Band 1 de 5
La última vez que tuve contacto con material más moderno del personaje, fue con la maxiserie de Jason Aaron en la que reinventaba su origen. En aquel entonces, el guionista nos contaba que Castle ya tenía alma de Castigador desde la infancia. A través de una historia en la que Castle dirigió La Mano y pudo recuperar a su fallecida esposa, se pudo ver que el personaje estaría un tiempo desaparecido. Esto se debía a que, con la intervención de algunos superhéroes, acabó encerrado en una especie de dimensión infernal donde seguiría ajusticiando a su estilo.
Y aunque en esta primera grapa no se nos cuenta cómo ha vuelto el Castigador a Nueva York, sí que una cosa es evidente: los criminales volverán a sufrir a su costa. La sinopsis de la editorial nos cuenta lo siguiente:
"¡Esto es lo que necesitábamos! Frank Castle ha vuelto. Sin recuerdos, con el cargador lleno y sed de venganza, su búsqueda violenta de respuestas solo podría narrarse al modo Red Band.
¡Las balas volarán, la sangre correrá y tanto los ciudadanos como los criminales de Nueva York temerán el nombre de El Castigador!"
Sangre. Todo lo que envuelve las primeras imágenes de este cómic está muy afectado por este color. Frank Castle ha vuelto, pero él no recuerda su nombre. Tiene unas cuantas heridas graves, aunque recuerda cómo usar un arma de fuego y lo que hace en el barco donde ha vuelto en sí, y en el que hay un reguero de cadáveres al estilo del Castigador. No tardará en aparecer un grupo de agentes de las fuerzas del orden, por lo que Castle deberá marcharse abruptamente. Será encontrado por una anciana que le dará cobijo mientras se repone de sus heridas, pero hay una cicatriz reciente en su cuello, y no es de ninguna herida recibida en el barco. Pronto, eso será un gran problema.

Por otra parte, los criminales a los que ha ejecutado con alevosía pertenecían a la banda de Lápida, el mafioso de Nueva York. Aquí se le verá en una versión más temible y salvaje, en comparación con la que se pudo ver en el decepcionante y cansino evento Guerra de bandas en la cabecera del Spiderman de Wells. Lógicamente, Lápida quiere respuestas sobre la pérdida de sus efectivos, y unas pocas viñetas bastarán para ver que no se anda con tonterías. Por último pero no menos importante, Kingpin tiene varias apariciones, y no dejan indiferente, ya que se está dedicando a ajusticiar a algunas personas que merecen ser castigadas desde su punto de vista. Pero es que además, por si eso no fuera suficiente, Kingpin además... eh, que eso ya no os lo voy a contar. ¡El final de este primer episodio tiene un gancho muy bueno protagonizado por él!
El guionista de la miniserie es Benjamin Percy, que me causó una muy buena impresión con su etapa en Motorista Fantasma, pero que además ha trabajado en los últimos años con otro personaje que no es ninguna hermanita de la caridad como Lobezno. Este primer número me ha parecido estimulante e intenso. No ofrece respuestas del retorno de Castle, pero tiene un gancho muy bueno sobre por qué no recuerda algunas cosas y qué lo causa. No es que Percy se saque una trama inédita en Marvel, pero con un trabajo serio, unas dosis de acción y violencia cruda al estilo Castigador, ofrece una primera grapa muy recomendable tanto para neófitos como para veteranos. Y además, se lee como un tiro, ya que he ido pasando como un poseso una página tras otra para ver cómo acababa esta introducción.

Ilustra la miniserie Julius Ohta, que coincidió con Percy en el arco argumental Inferbezno (como buen artesano, el guionista hizo un cruce mientras guionizaba Lobezno y el Motorista Fantasma), y al que yo conocía de unos números sueltos en las últimas etapas de Iron Man. Ohta logra un trabajo fantástico, con buen nivel de detalle y presentando un Castigador de físico imponente (a lo largo de su vida editorial, no siempre ha sido así), justificando que esta historia pase directamente al sello Red Band porque ilustra con acierto la violencia descarnada que se contiene en estas páginas (no he puesto en la reseña páginas explícitas a cosa hecha). Se palpa en ese inicio que Castle ha vuelto a provocar una orgía de sangre con las primeras viñetas, pero además las apariciones de Lápida o Kingpin son perturbadoras pese a que cada uno de los personajes se mancha las manos de forma distinta en las muertes que provocan. No hay que avanzar mucho en el cómic para saber que Ohta ha sido una elección acertadísima. Como un tiro en el centro de la diana.
Esta primera grapa sirve perfectamente a su cometido de incitar el interés de quien la lea para seguir adelante, y además nos trae el retorno del Castigador de una forma violenta, sangrienta y sin paños calientes. Vosotros no sé, pero yo estoy muy dentro de esta miniserie. ¡Vamos Frank!
La gran revelación de la primera grapa era saber que Kingpin era el hombre que manejaba a Frank Castle. Claro que esto, que curiosamente lo estoy viendo en la segunda temporada de la adaptación del videojuego Fallout, se debe al control mental que sufre el protagonista. En ese sentido, y aunque esto de ser controlado y manipulado suele asociarse más con un viejo compañero de pillerías de Frank como es Lobezno, no es algo que no encaje con alguien como el justiciero de la calavera en el pecho.
Por lo tanto, tras el regreso de Frank en el episodio anterior, donde hizo una escabechina en un barco lleno de maleantes, la pregunta es qué viene ahora. Comparto la sinopsis de la editorial:
"¡El Castigador ha vuelto, más peligroso y letal que nunca!
¿Qué o quién ha llevado a que Frank vuelva a su guerra contra el crimen?
¿Y cuánto tiempo pasará antes de que se arrepienta de haber sacado a El Castigador de su retiro para usarlo como la perfecta máquina de matar?"
Hacia el final del anterior número, Frank terminaba siendo acogido por una anciana para poder curarse de sus heridas. Examinándose una de las cicatrices en su cuello, es cuando se nos muestra que a través de ahí se le hizo un implante a través del que Kingpin le da órdenes. A su manera grotesca, el rey del crimen tiene una motivación de hacer algunas cosas buenas (aunque dudo que haya una intención realmente benévola tras ello) para la ciudad, y tras enterarse de que va a llegar a Nueva York un contenedor lleno de personas, le encarga a Frank interceptarlo.

A partir de ahí, la bestia se activa de nuevo, y Frank no tardará en hacerse con un arma y un coche para comenzar su nueva misión. Como suele decirse, que tiemblen los criminales de Nueva York porque el brazo ejecutor de la venganza está de nuevo en marcha. Eso nos llevará a una escena donde el Castigador hará gala de aquellas cualidades físicas que le han hecho temido entre los criminales, pero también se verá que no hay nada que pueda detenerle. Al mismo tiempo, en la policía se continua investigando la pista del justiciero, y aunque fugazmente, Lápida hará una nueva aparición en estas páginas. ¿Logrará Frank cumplir la tarea encomendada por Kingpin? ¿Qué impactante revelación nos explica que se pueda controlar mentalmente al protagonista? ¡Atentos porque los fans del personaje verán el retorno de un viejo conocido!
Sigue como guionista Benjamin Percy. Se mantiene alto el interés (al menos a mí me ha generado esa sensación) de ver cómo avanza esta miniserie, así como averiguar cómo se gestó el control mental del Castigador y de qué forma pueda Frank deshacerse de ello en algún momento. Es cierto que este número se siente un poco como de transición hacia lo que venga después, pero no es menos acertado decir que aporta un ritmo vertiginoso a la historia. La escena de Frank combatiendo a un camionero es canela en rama por el ritmo tan cinematográfico que Percy le imprime en la narración. Y el gancho final con la revelación de quién ha ayudado (muy a su pesar por lo que se muestra) con el control de Frank, me ha parecido tan impactante como creo que Percy quería que fuese. Por lo tanto, valoro muy positivamente al autor.

Repite igualmente Julius Ohta, quien sigue logrando mostrar un Castigador muy imponente a nivel físico. Es una auténtica bestia parda, y aquí se percibe más peligroso que en otras ocasiones porque actúa casi como una máquina debido al control mental. Es imparable. Todas las escenas de acción lucen geniales gracias al ilustrador, que hace que sea una gozada leer estos cómics, y se aprovecha bien de la carta blanca que le otorga esta línea Red Band para recrearse en la violencia de la historia (más en la primera grapa que en esta segunda eso sí). Como no suelo estar muy pendiente de las noticias que llegan desde Marvel en cuanto a nuevas series o proyectos o equipos creativos, lo único que espero es que, cuando el Castigador vuelva en todo su esplendor al panorama editorial, Ohta sea una de las primeras personas que ilustre de nuevo sus andanzas. Al menos me quedan tres números más para disfrutar de su arte, y la perspectiva me encanta por volver a ver su trabajo en las grapas restantes.
Mi valoración de la miniserie sigue siendo muy alta aunque todavía no se haya llegado al ecuador. Pero qué queréis que os diga, una grapa como ésta me da lo que pido para desconectar de otras cosas y recrearme en la simpleza pero contundencia de un personaje como el Castigador. ¡Sigue así Frank, que los criminales se lo piensen dos veces antes de delinquir!