Aunque a día de hoy es difícil encontrar gente que no sepa quién es Tintín (quizá sí presenta más dificultad a las nuevas generaciones saber que su creador fue Hergé), no fue la única creación realizada por el padre artístico de esa criatura que tan famosa es en el mundo. Ni yo mismo conocí la existencia de " Las aventuras de Jo, Zette y Jocko " hasta que la Editorial Base ha comenzado a reeditarla en 2025.
Aunque diferentes motivos llevaron a que Georges Prosper Remi (1907-1983), alias "Hergé" hizo muy pocas entregas con estos personajes, mi intención es leer las que fueron publicadas para compartiros impresiones del material.
Hay que adelantar que aquí no tenemos una historia completa, como sí era más habitual en las aventuras de Tintín, sino que el primer tomo contiene el inicio de un arco argumental que no tiene su final en la última página.
Comparto aquí parte de la información de la editorial en la ficha del producto:
"En esta colección, llena de humor y acción, conocerás a los hermanos Jo y Zette, dos intrépidos niños que, junto con Jocko, su inteligente mono, recorren el mundo enfrentándose a todo tipo de peligros y amenazas.
Las aventuras de Jo, Zette y Jocko te transportarán a tierras lejanas, te llevarán a explorar ciudades exóticas y descifrar fascinantes enigmas.
El viaje comienza con El testamento de Mr. Pump, la primera parte de El Stratonef H-22, y continuará con Destino Nueva York.
La historia comienza presentando a la figura de Mr. Pump, un empresario millonario obsesionado con el tiempo. Hay una entrevista para buscar un nuevo ayudante de cámara para trabajar para Mr. Pump, y poco después, el millonario cogerá un vehículo y fallará a consecuencia de un accidente. Se leerá su testamento, y sus herederos no recibirán una suculenta cantidad de dinero hasta que no pase una fecha exacta. Si antes de eso, alguna persona es capaz de construir un avión que logre un reto importante, no recibirán los descendientes la fortuna.
No tardará mucho en hacer su primera aparición Jacques Legrand, el padre de Jo y Zette, pues él es ingeniero aeronáutico y aceptará el reto establecido en el testamento de Mr. Pump para diseñar y construir ese avión que logrará superar el objetivo. También habrá más gente intentando lo mismo en otras partes del mundo, pero por desgracia para los jóvenes Jo y Zette, y su mascota el mono Jocko, quien sufrirá un continuo sabotaje que pondrá su vida en peligro y la de otras personas, será el padre de los niños. Este primer álbum mostrará algunas de las cosas que los saboteadores harán para evitar que se construya el avión, y hasta qué punto los niños y Jocko intentarán evitar el desastre.
La labor de Hergé como guionista es buena, ya que leyó el cómic con gran interés. Aunque hay que ser consciente de la época en que se produjo la obra, pues las historias de Hergé vieron inicialmente la luz en la revista Coeurs Vaillants en la década de 1930. El aspecto tecnológico del álbum ya queda muy atrás en el tiempo, pero la trama en general es dinámica, los protagonistas se ven metidos en casi todos los fregados, y aunque no estamos ante un álbum que vaya a equipararse en calidad a las historias de Tintín, no es para nada olvidable, gracias precisamente a la buena labor del autor. confeccionando una trama que me dejó con ganas de leer el siguiente tomo para ver su resolución. Jocko es el elemento cómico más recurrente, y por lo tanto el mono suele meterse en situaciones pintorescas que pueden arrancaros alguna que otra sonrisa. Por lo demás, es Jo quien suele hacer gala de un espíritu más temerario, siendo su hermana Zette la más precavida. En resumen, es un álbum bastante interesante para conocer a los personajes.
En cuanto al apartado gráfico, lógicamente el autor muestra la misma habilidad narrativa e idéntico trazo al que se pudo ver en las aventuras de su personaje Tintín. Así que poco puedo decir en ese sentido, ya que el resultado es notable y se remarcan las virtudes que ya había apreciado en otras obras del autor. Tenemos por ejemplo el acertado diseño de elementos más futuristas para la época, pero también la habitual habilidad del autor para plasmar correctamente los momentos humorísticos del álbum, la mayoría de los cuales los protagoniza el mono Jocko. Y hay una buena gestión de los diferentes momentos de tensión a lo largo de la historia. Así que, si os gustaba el dibujo de Tintín, no veo motivo para que no vayáis a disfrutar aquí con la labor de Hergé.
En la parte final del primer tomo, los hermanos Jo y Zette, junto a su mascota Jocko, lograron hacer volar el famoso avión experimental Stratonef H-22.
A pesar de los continuos atentados y sabotajes a los que estaba siendo sometida la construcción y posterior prueba del funcionamiento del vehículo, los hermanos lograron elevarlo en el aire, si bien se quedaban sin combustible y tenían que aterrizar en una isla perdida.
Como la información editorial que viene en el tomo es prácticamente la misma que en el anterior, en esta ocasión me salto el compartirla aquí.
Basta con saber que el tomo anterior no suponía una historia cerrada, sino que acaba en un momento con cierto clímax, quedando la conclusión de la trama a gastos de la llegada de esta segunda entrega.
Por lo tanto, las peripecias de estos hermanos junto a su mono arrancan donde acabó la otra entrega, en la isla donde han tenido que aterrizar forzosamente.
Ahora bien, con mucha suerte (y ahí empiezan las concesiones que hay que hacerle a la trama, que son muy exageradas desde este punto), los tres lograrán llenar de combustible el avión para seguir con su viaje. Eso sí, no llegarán a su destino ni mucho menos, sino que acabarán en el Polo Norte. Ahí el avión sufrirá percances más serios que implicarán que los jóvenes tengan que ser ayudados por unos esquimales y un doctor que tiene una radio (así podrán los padres de los niños saber dónde están). Una vez solventado eso, el regreso a Francia es inevitable para poder realizar de una vez el viaje que debía hacer el Stratonef H-22 hasta Nueva York. Cabe recordar que esto es imprescindible porque en el testamento de un millonario se estipuló que quien construyera un avión que hiciera una travesía concreta, ganaría una buena suma. ¿Será tarde para que el diseño de Jacques Legrand logre su cometido? ¿Los hijos del ingeniero podrán ayudarle de alguna forma?
Si bien en el primer tomo me sorprendió gratamente la propuesta argumental de Hergé (había cosas que se cogían con pinzas sí, pero no tanto), en esta ocasión hay demasiados pasajes donde se riza demasiado el rizo. Es cierto que esto va servido a la necesidad de poder usar a los protagonistas para que se luzcan, pero resulta poco creíble que unos niños aprendan a manejar un avión experimental sin ninguna noción en pilotaje ni con el uso de instrumentos de vuelo. Luego se dan demasiadas casualidades (nada más llegar a la isla, hay un naufragio y lo único que aparece flotando a la playa son bidones de combustible), que hacen que muchos pasajes se vean sometidos a la suspensión de la incredulidad, porque de otra manera sería sumamente difícil ver verosímil lo que se cuenta. Obviando todo lo anterior, queda otra historia entretenida, de ritmo ágil y que mantiene algunos toques cómicos con Jocko. Hergé no hace un mal trabajo, aunque requiere la complicidad de la persona lectora para subir la nota de su labor.
En la parte gráfica, no hay apenas mucho que decir con relación al anterior tomo, pues se mantiene el mismo estilo, con ese encanto añadido que tienen las escenas más humorísticas de la obra. Aquí aparecen menos elementos tecnológicos más allá del propio avión, pero sí que hay una mayor presencia de diferentes localizaciones contrapuestas que le confieren ese necesario toque de viaje de aventuras a esta segunda parte de la historia. Jocko vuelve a tener una presencia cómica casi en todas sus apariciones, aunque también hay algunos momentos un poco más serios cuando los saboteadores del avión intentan evitar una y otra vez que se complete el viaje.
¿Merece la pena el álbum? Como es la conclusión de una historia que me gustó tanto en el inicio como en su desarrollo, claro que sí. No escondo el hecho de que, para disfrutar bien de esto, hay que dejarse llevar y pasar por algo algunas cuestiones que, aunque ya he señalado antes, no implican que estemos ante un mal producto, ya que lectores de diferentes edades se fijarán o no en los mismos aspectos que yo para una valoración. Aunque no se hicieron muchos álbumes de estos personajes, es una buena opción para leer más cosas de Hergé que no sean aventuras de Tintín.






